Votar no es elegir

¿Alguna vez te has preguntado cómo llega un nombre a las listas de las encuestas? Pues básicamente hay dos maneras. La primera es que seas una persona “mediática”, es decir que ya seas de conocimiento público y, por alguna u otra razón, hayas recibido la atención de los medios. La segunda es que podés pagar a la firma encuestadora para que pongan tu nombre en el listado. En ambos casos hay personas que, por sus privilegios, políticos o económicos, tienen ventajas sobre la absoluta mayoría de la población.

Por otra parte, ¿te has preguntado cómo los partidos políticos eligen a sus candidatos o candidatas? En Nicaragua básicamente se utilizan dos formas: 1) Mediante una competencia interna entre la “militancia o afiliados” del partido. 2) Los seleccionan los órganos directivos del partido. En ambos casos, las personas que no son militantes de esos partidos no tienen la posibilidad de incidir en las listas, y somos la inmensa mayoría.

En Nicaragua, donde el 70% del electorado no tiene partido, uno se pregunta: ¿Y en qué momento le consultan a la gente? ¿Y qué pasa si los candidatos que proponen los partidos no me gustan? ¿Y qué pasa si la persona que me gusta no es de ningún partido? La respuesta es que bajo el actual sistema no hay mucho que hacer, básicamente esa gran masa del electorado está condenada a “votar” por quien “le pongan” los partidos, no puede “elegir” a quien considera más idóneo o capaz.

Para poder escoger a las personas más capaces para gobernar se requiere básicamente de dos cosas: 1) Que las organizaciones políticas se abran para que la población pueda incidir en sus listas de candidaturas. 2) Que quienes propongan nombres no lo hagan pensando en “quién es el que más le gusta”, sino quién tiene las mejores cualidades y capacidades.

Para saber quién es la persona más capaz las encuestas son peligrosas. Normalmente, cuando salen los resultados de las encuestas, solo nos fijamos en las personas que tienen la mayor popularidad, pero ser el o la más popular no necesariamente significa que es la persona más capacitada. Hay muchos casos de personas populares que no tienen las cualidades deseadas o esperadas para gobernar. Para explorar las cualidades de las personas se necesita ver más allá de la popularidad, se necesita ver por lo menos la experiencia, el liderazgo, la trayectoria, la honestidad, el carisma, entre otras.

En Nicaragua se estila pensar en los cargos públicos como un premio o una prebenda, no como una responsabilidad y un mérito. Mientras nos sigamos guiando por la persona que tenga más reflectores encima y no por quien sea la más adecuada, mientras nos sigamos dejando imponer listas de candidaturas precargadas por los partidos y por quienes puedan pagar su cupo en las encuestas, seguiremos teniendo gobernantes incapaces e impopulares.

Nicaragua cambió desde 2018. Los sin partido somos la mayoría y es nuestra responsabilidad, en primer lugar, exigir apertura a las organizaciones políticas, pero también es nuestra responsabilidad no caer en la trampa de la popularidad sin pensar cómo llegaron esos nombres a nuestras mesas y sin preguntarnos siempre, si además de popular, esa persona es la más capaz, la más indicada para gobernar.

Nicaragua Decide 2021